Bro momento

Alguna vez no tuve en mis bolsillos más que envoltorios de dulces ya digeridos, meses podían estar ahí sin que yo los sacara. La chaqueta era negra y estaba rajada en los puños. Podía pasar días sin lavarla y no me importaba nada, incluso podía estar días sin lavarme y me importaba bien poco. Bueno, hasta que una vez un joven me hizo notar el olor a raja mientras bajaba su cabeza para alcanzar su mochila. Para más remate, me había saltado unos cuántos metros -¿o iba a hacer alguna otra cosa y por eso me bajé en ese lugar? A veces cuestiono que el conocimiento pueda ser reproducción de la realidad a través del pensamiento, porque la memoria es bien frágil y, evidentemente, a falta del recuerdo usamos la omisión o la invención o la mentira, o algún artilugio para entretener las horas, o de a seguro pensamos en alguien, nos mordemos las uñas, cortamos la respiración y, tal vez, nos carcome la impaciencia-.

La chaqueta se la llevó "el cuma", un cabro de otro liceo que no sé por qué le simpatizaba. Hablabamos un poco -como se sabe, nunca he sido bueno pa' hablar-. Una vez me lo encontré, por allá por el 2016, y le dije que nos juntáramos. Me respondió que sí, que lo buscará por facebook. Me dio un nombre que nunca encontré, así que nunca nos juntamos. Creo que lo que he visto otras veces, pero como soy vergonzoso y taimado no lo saludé. ¿Que será de él? 

En la media me llamaban vagabundo por andar con esa chaqueta, pero igual me tenían algo de respeto porque tenía buenas notas. Creo que por eso me gustaba hacerme el tonto, porque les decía que uno puede ser tonto y tener buenas notas. Tener buenas notas no te hace más inteligente. 

Y para que no quepe duda, la chaqueta tenía todas las determinaciones y las mías también. Era una célula de la sociedad actual pues. De algún modo me apropié de sus cualidades abrigadoras cada mañana del año.  

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